Llueve y yo bajo la lluvia sin paraguas. De muy lista con zapatillas, leggins y sudadera, bravo, bien hecho imbésil, me digo. Por suerte no es más que una fina llovizna.
Soy masoquista, eso lo sé, estoy recorriendo exactamente cada calle que caminé alguna vez alado de mi ahora amor imposible. Cada paso me arranca una sonrisa. Cada paso me trae a la memoria cada palabra tonta o cada gesto cursi que hicimos ambos alguna vez para poder expresarnos de algún modo este cariño. Este cariño que se quedó sólo conmigo y que con el paso de los días va dando paso a la soledad.
Está claro, soy una adolescente estúpida, no importa cuánto tiempo pase, no, desde luego que no, cada día soy más estúpida, pero ¿Qué puedo hacer? Soy alguien que mi yo interior jamás pensó ser. No, aquella niña que corría detrás de los balones, raspándose las rodillas con cada caída en el campo, ya no soy esa niña a la que se le daba bien los deportes, tampoco aquella niña que salía a jugar con sus amigos del barrio, los mismos que tenía por compañeros, con los mismos con quienes le gustaba perderse y jugar hasta el anochecer. Ya no soy esa niña que le gustaba mancharse de barro ni aquella niña a la que le hacía ilusión las navidades y el año nuevo para poder salir desde temprano hasta altas horas de las madrugadas vagando por las calles de su barrio, con su gente, explotando fuegos artificiales ni aquella niña que volvía a casa a por más. Aquella niña siempre sonreía, aquella niña se fue desvaneciendo con el pasar de los tiempos. Aquella niña practicamente ya no existe.
Yo no soy nada de eso. Yo no conservo nada de eso. ¿Ahora? Ahora soy una persona como tantas otras que si le preguntas si se encuentra bien automáticamente sonreirá y asentirá ¿Por qué? Porque ya es la puta costumbre de ser tan falsa con una misma, ya es la jodida costumbre de dar una sonrisa al mundo, porque ya es normal guardarse todas las amarguras que te provoca el hecho de ser distinta. Soy una chica de fuera que se encuentra atrapada en una pequeña ciudad al otro lado del mundo y no puede hacer nada para escapar, no puede nada para buscar su felicidad porque su felicidad consiste en o volver a una vida que no llega a ningún sitio o buscar el consuelo en un corazón tan roto y desarmado que a veces hasta a mí misma me sorprende que aún siga latiendo. No, me sorprende mucho más que pueda querer después de cada jodida desilusión porque más estúpido no puede ser al alimentarse de putas ilusiones que, una sabe que se van acabar más pronto de lo que se las espera, aún así me aferro a ellas y me atrevo a volar. ¿Después? Tan solo caigo en el mismo vacío de siempre. Tan solo vuelvo a estar como nunca dejé de estar. Sola.
No, desde luego me convertí en alguien totalmente detestable a mi gusto, soy tan falsa conmigo misma que a veces puedo escucharme a mí misma diciéndome lo que en ese momento quiero hacer pero que no me atrevo hacer por el simple hecho de que eso nadie lo hace. Soy esa maldita mocosa que se ilusiona y enamora de lo imposible, soy esa estúpida cría a la que ya no le gusta mirarse al puto espejo y ¿Por qué? Porque esa, que tiene la dichosa costumbre de aparentar demasiado, esa gorda , fea y asquerosa chica y no importa que sea mi propio reflejo, esa no soy yo. Esa, que sonríe y se la pasa genial, no soy yo. Esa, que intenta robarle importancia a las cosas para sonreír más y llorar menos, no soy yo. Esa, que se dice a sí misma "tranquila, eres mucho para tan poca cosa", esa, desde luego no soy yo. Esa, que está reflejada en el espejo sustituyéndome cada día, cada hora, cada minuto, esa, esa sigo sin ser yo. Yo no soy nada de eso, ni las sonrisas, ni los "estoy bien" que salen de su asquerosa boca y mucho menos ese "eres mucho" que se dice a sí misma, no yo no soy esa y, sin embargo, no puedo dejar de ser ella... ¿Y por qué? Porque si dejo de ser esa corro el riesgo de que el mundo busque derrumbarme y hacerme picadillo. Una vez más.
La gente es envidiosa y le gusta destruir a las personas verdaderas, porque les da envidia que ellos sí puedan ser felices sin tener que llevar a cuesta todo su repertoria de caretas y máscaras, diversas y diferentes, que usan para decir "sí, estoy estupendamente" pero piensan "pero yo sé que tú no y me vale verga porque no me importas ni tú ni nadie" a la gente solo hablales de la gente, jamás de tí porque para lo único que les puedes importar es para ir con el cotilleo al de alado y dejarte lo peor posible... La gente es tan hipócrita y solo busca destruirte porque se les da mejor joder vidas para sentirse bien que arreglar las suyas y estar bien.
Y tú, tú te mientes tanto como yo y como cualquiera, tú lloraras durante toda una noche pero te despiertas con una sonrisa, tú también te escondes detrás de ese "estoy bien", a ti también te gustaría decir lo que realmente piensas y sientes pero no te atreves porque no es lo que los demás hacen. Admitelo, al final de los finales, todos somos absolutamente iguales. Todos nos escondemos bajo una jodida sonrisa.
Tal vez sea muchas cosas, tal vez posea demasiados defectos y carezca de virtudes, tal vez sea una estúpida por querer como quiero a quien quiero o una hipócrita por odiar a quien odio como le odio. No amo mi vida, la odio y sé perfectamente que no debería ser así, pero aquí estoy. Soy esa imbésil que cuando se enamora lo da todo y le da exactamente igual recibir nada a cambio, sé que soy de ese tipo de persona a la que le ilisiona los "para siempre" pero que es realista y se dice a sí misma "ya dejate de ilusionar". Soy muchas cosas, tal vez buenas, tal vez malas; pero eso nadie sabe porque me sigo escondiendo de esa estúpida sonrisa.
El agua se lleva consigo cada culpa y cada sonrisa, quiero aprender a vivir con todos mis recuerdos, los buenos, los malos, los jodidos e incluso aquellos que una niña nunca debería tener, por más mala que se haya comportado, hay adultos crueles porque les da envidia la dulce inoscencia infantil. Yo viví mucho más en dos putos años de lo que debería haber vivido jamás y sin embargo esa estúpida sonrie, sonrie ignorando todo este dolor gurdado.
Nadie te ayuda. Nadie se conpadece. Nadie te entiende. Nadie se queda por tí. Todos te juzgan.
Siempre, de algún modo u otro, estoy sola.
Tan solo soy esa sombra que dejó esa niña al partir.
Soy soledad y tristeza aunque no lo quiera.
Nosotras.
La sociedad ha hecho un daño enorme al mundo y nosotras solo somos dos ejemplo de ello. Soledad, calorías, tristezas y llantos son nuestra rutina diaria. No tenemos miedo al rechazo ni al qué dirán. Somos dos adolescentes a las que no ven ni inteligentes ni listas, que estamos rodeadas de supuestas amigas que no dejan de apuñalarnos por la espalda todas las veces que les sea posible y que nos hayamos en el abismo de la soledad. Te retamos a leer aquello que sale desde el fondo de nuestras almas desgarradas por el dolor que inflige la superficialidad de esta sociedad que nos consume cada día más. Te invitamos a leer estas palabras mudas que gritan desesperadamente al silencio, luchando por salir.
martes, 26 de marzo de 2013
Soy.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario